Prensa

12 marzo,2017

Flores amarillas envuelven hoy la magia de San Joaquín de Flores

ALLÍ CONVIVEN EL DESARROLLO MODERNO Y EL LEGADO COLONIA


Muchos de quienes pasan en estos días por la plaza de San Joaquín de Flores, en Heredia, caen en la tentación de tomar la foto de un árbol espectacular y subirla a su Facebook.

Pero hay mucho más en la cabecera del cantón de Flores. Ubicado al oeste de la provincia herediana, San Joaquín también guarda historias, costumbres y tradiciones que atraen a cualquier visitante.

Con una población estimada en poco más de 7.200 habitantes, este popular distrito herediano tiene su fundación alrededor del año 1 777 y a pesar de que al principio fue denominado como Quebrada Seca, el origen de su nombre actual también se remonta al siglo XVIII.

Con toques modernos pero conservando su esencia de pueblo, San Joaquín se caracteriza principalmente por la unión de sus habitantes y sus tradiciones católicas. Así lo destaca el cura párroco Sixto Varela, quien llegó a la comunidad en 2011.

“Es una fortaleza ser un cantón pequeño porque esto ha facilitado que las familias no solo compartan lazos sanguíneos sino una misma fe católica, lo que ayuda mucho a que se conserven todas estas tradiciones”, indicó.

El templo católico también es uno de los puntos referentes y de gran orgullo para este distrito. Construido hace 150 años, lo que inició como proyecto ambicioso terminó por unir a toda una comunidad.

“Las piedras se trajeron en carreta de bueyes desde Cartago y otras de Puriscal. Eso fue algo impresionante para la época y todavía uno se sorprende de ver cómo el templo se ha sostenido a lo largo de tantos años”, manifestó el párroco.

Sumado a todas estas tradiciones, hay dos árboles ubicados al costado y en la parte trasera de la iglesia que se roban todas las miradas una vez al año por su imponente color.

Traídos desde Atenas, ambos se encargan de llenar de color a la comunidad durante los meses de febrero y marzo dejando a su paso una alfombra amarilla que no pasa para nadie inadvertida.

Estos cortez amarillo -o corteza amarilla como les decimos en Costa Rica- fueron sembrados por Wilson Ulate, un personaje muy querido y recordado por la comunidad, quien fue el encargado durante muchos años de cuidar los jardines de la parroquia.

“Me parecen preciosos, el color amarillo que tienen son el complemento perfecto para la iglesia tan linda que tenemos aquí”, destacó Eugenia Villalobos, vecina de la comunidad.

Ya sea compartiendo un helado de sorbetera en familia, siendo participes de las procesiones en vivo de Semana Santa o disfrutando de las luces de Navidad durante las noches ventosas de diciembre, San Joaquín es un pueblo con opciones para muchos gustos. 

Fuente: crhoy.com